EL UNICO MEDIADOR ENTRE DIOS Y EL HOMBRE ES JESUCRISTO

Durante algunos días, la Iglesia Católica Romana celebró la elección de un nuevo Papa, para esta, motivo de alegría, sin embargo:

  • ¿Qué hay de bueno al negar ampliamente la obra integral de Jesucristo como único Salvador y Mediador, entre nosotros los hombres y Dios?
  • ¿Por qué estaría feliz al confiar en mis capacidades de merecer la salvación eterna y perdón por mis pecados, a través de mis vanos sacrificios, haciendo un poco más de caridad, mintiendo menos o pagando mis impuestos?
  • ¿No sería peligroso, pensar que la obra de Jesucristo en la tierra fue incompleta y por ende me necesita a mí, a un Papa y a una variedad de intercesores para completar los requisitos de Salvación?
  • ¿Por qué habría de alegrarme sabiendo que la relación directa entre Dios y yo, a través de Jesucristo, es secuestrada e intermediada por un ser humano tan imperfecto, falible e incapaz como yo (refiriéndome a un Papa), tan necesitado de perdón y salvación como yo?
  • ¿Acaso hay algo más grande que la vida perfecta y sin pecado del Cordero de Dios –Jesucristo- que murió en la cruz, por mis pecados y por los de los suyos, para salvación y que además resucitó de entre los muertos y hoy vive?

El propósito de la obra redentora de Jesucristo es innegable. Su obra es libertadora y como fruto de esa fe salvadora con la que nos ha bendecido a los suyos, es que somos salvos y vivimos vidas que dan fruto. (“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley”. – Gálatas 5:22-23)

Mi interés con este artículo es solo el considerar juntos la Obra Todosuficiente de Jesucristo y nunca negarla o percibirla como incompleta. Creer en un ser humano mediador, es negar a Cristo, aunque no lo queramos ver. Creer que en nuestra humanidad, tenemos algo que ofrecerle al Creador a cambio, es absurdo.

Cuando el pecado entró al mundo, a través de Adán y Eva, caímos todos y sabemos que “la paga del pecado, es la muerte”. (Romanos 6:23). Dios, en su perfecta bondad, envió a su Hijo Unigénito para redención y paga por nuestros pecados. Eso además, no fue todo; gracias a esa redención, somos co-herederos de su Reino y hemos recibido una preciosa vida eterna.

Hoy tenemos una vida nueva y eterna, por la gracia de Dios (eso quiere decir, de forma gratuita). Y en esa libertad, nadie vive para sí mismo o con culpas, sino en gratitud, recordando la obra perfecta de Jesucristo a diario y viviendo vidas que dan fruto abundante, por la fe que El nos ha dado.

Sabemos así, que a pesar de lo adverso de las circunstancias que podamos vivir en este mundo, tenemos a un Padre Eterno, que nos ha amado de manera perfecta y a quien podemos acudir en oración, a través de los méritos de Jesucristo, en una relación directa y santa. Vivimos vidas moldeadas cada día por un Dios perfecto, justo y grande en misericordia.

Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús hombre. – 1 Timoteo 2:5

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