EL SUFRIMIENTO DE CRISTO, CAMBIO NUESTRO SUFRIMIENTO.

¿Has sentido alguna vez, dentro de cierta situación, como si Dios te estuviera castigando? Podríamos admitir que es muy tentador pensar que si algo no nos está saliendo del todo bien, puede tratarse de un “castigo divino”. Si bien es cierto, nuestros actos tienen siempre consecuencias. No todas las consecuencias son inmediatas, así como, tampoco todas las consecuencias son negativas.

ARIELLE

De cualquier forma, vale la pena reflexionar en el significado contextual, cuando creemos que estamos siendo castigados o disciplinados y considerar mejor las situaciones para tener una idea mucho mas clara de lo que verdaderamente Dios nos dice a través de los tiempos dificiles.

Un interesante artículo del sitio web del Ministerio de John Piper, “Deseando a Dios” refiere lo siguiente, en este sentido:

“¿Estamos siendo castigados cuando somos perseguidos, o cuando estamos enfermos o atribulados?”

Cristo murió por nuestros pecados. Hebreos 9:28: “Cristo, habiendo sido ofrecido una vez para llevar los pecados de muchos”. Cristo llevó el castigo por nuestros pecados. Como dice Isaías 53:5: “Mas El fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades”. Por tanto, sería errado pensar en el dolor que nos ocurre ahora como un segundo castigo de Dios por nuestros pecados: como si los pecados fueran castigados una vez en el sufrimiento de Cristo y una vez en nuestro sufrimiento. Esa perspectiva de nuestro sufrimiento deshonraría el sufrimiento de Cristo.

Por el contrario, debemos pensar que el sufrimiento de Cristo por nosotros ha cambiado nuestro sufrimiento, por algo absolutamente diferente al castigo ordinario. Así como la muerte de Cristo por nosotros ha cambiado nuestra muerte en algo absolutamente diferente: “¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde, oh sepulcro, tu aguijón? (1ra a los Corintios 15:55).

La muerte de Cristo por nosotros ha quitado el aguijón de la muerte; y el sufrimiento de Cristo por nosotros ha quitado el castigo por nuestro sufrimiento.

¿Qué queda entonces para la disciplina si se le ha quitado el elemento castigo? La respuesta es: Queda la purificación, y el entrenamiento y la profundización y la sensatez y el refinamiento.

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