A TRAVES DEL DOLOR Y DE LAS ADVERSIDADES, LA ORACION Y LA GLORIA DE DIOS REVELADA

ARIELLEMucho de lo que vivimos a diario es consecuente a las decisiones que realizamos pero hay circunstancias que llegan a nuestras vidas, tan adversas e inesperadas y no todo es nuestra “culpa”. A la hora de reflexionar en todos estos momentos, es preciso pedirle a Dios en oración, discernimiento para analizar las cosas y entender con sabiduría la vida. Sin embargo, esa búsqueda por respuestas, no siempre tendrá el “éxito” esperado. Con todo, en la Biblia hay muchos ejemplos de victoria y aprendizaje a través del dolor, como en el milagro recibido por un hombre ciego, a través de las manos de Jesús, relatado en el libro de Juan, capítulo 9.

Al atravesar situaciones de dolor, por supuesto la oración, ante todo se vuelve lo que siempre ha debido ser, una constante en nuestras vidas. Hemos sido reconciliados con Dios a través de Jesucristo y hemos nacido de nuevo con el privilegio de la comunión íntima con el Padre. En cuanto a la oración, el libro, The Prayer of the Lord, de R.C. Sproul comenta algo valioso:

“La oración cambia las cosas, todo tipo de cosas.
Pero lo más importante es que nos cambia. A medida que nos involucramos en esta comunión con Dios más profundamente y llegamos a conocer a Aquel con quien estamos hablando más íntimamente, el conocimiento acerca de Dios crece y se revela para nosotros, nuestra condición y la necesidad que tenemos de cambiar, en conformidad con El.

La oración nos cambia profundamente”.

Es así como podemos decir además, que a través de la Palabra de Dios, hallamos consuelo y luz para considerar mejor la vida y los propósitos perfectos de Dios, en tiempos dificiles. La gloria de Dios brilla con fuerza en la vida de los suyos, en toda situación… desde siempre.

Juan 9:1-12
Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento.
Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego?
Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él.
Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar.

Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo.
Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego,
y le dijo: Ve a lavarte en el estanque de Siloé (que traducido es, Enviado). Fue entonces, y se lavó, y regresó viendo.

Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto que era ciego, decían: ¿No es éste el que se sentaba y mendigaba?
Unos decían: El es; y otros: A él se parece. El decía: Yo soy.
Y le dijeron: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos?

Respondió él y dijo: Aquel hombre que se llama Jesús hizo lodo, me untó los ojos, y me dijo: Ve al Siloé, y lávate; y fui, y me lavé, y recibí la vista.
Entonces le dijeron: ¿Dónde está él? El dijo: No sé.

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