MEJOR QUE LOS LEONCILLOS

ArielleAhora que soy mamá, siento que haría cualquier esfuerzo por mi pequeña hijita. Junto a mi esposo, el proteger y proveer para ella, es una promesa de amor que con la ayuda de Dios cumpliremos con nuestras vidas, hasta el final. Somos padres jóvenes, profesionales, con mucha energía, creatividad, con muchas fuerzas y muchos planes… pero, es poco.
Mortales, limitados, con defectos y habitantes de un mundo caído, donde ocurren cosas inexplicables, dolorosas e injustas a causa del pecado que existe en el mundo. Aunque intentemos comprar un día una casita en una zona segura de la ciudad, hallar una escuela que ofrezca una buena enseñanza o, aunque yo pase un buen tiempo en el supermercado intentando elegir las frutas más orgánicas para hacer las recetas más saludables… todo ese cuidado, aún es poco de cierto modo.
No tiene nada de malo procurar estas cosas, pero hay que pedir a Dios, que nos permita discernir los motivos por los que procuramos hacer estas cosas. Algunas veces, es una forma muy terrenal de procurar bajo nuestros propios medios, obtener una seguridad aqui en la Tierra, olvidándonos de que es Dios quien, en todo, tiene la última palabra y quien soberanamente permite o no, las cosas.  Algunas veces, hacemos todo eso movidos por la desconfianza en Dios, mas que por la confianza en El.

Consideremos lo siguiente:
1. Dios, nuestro creador y Padre Celestial, tiene en sus manos nuestras vidas. El conoce desde nuestro primer día, hasta nuestro último; y si es que por fe decimos que somos Sus hijos, hemos también de saber que es El quien está en absoluto control de todo, a la final… y algo más: Que El es Soberano.
2. Dios es nuestro Proveedor y no solo un Proveedor material, sino que es nuestro Sustento espiritual ante todo.
Dado que por la caída del hombre, el mundo entero se iba a perder; Dios Padre, proveyó al Cordero, a Su Hijo Unigénito, nuestro Salvador y Redentor para que todo aquel que en El crea, no se pierda, mas tenga vida eterna.
Busca: Juan 3:16ARIELLE

Depender en todo, de nuestro Dios, siempre se traducirá en paz y en crecimiento espiritual. Nuestros padres pueden faltarnos, nosotros podemos faltarles a nuestros hijos (y no solamente por nuestra ausencia física), pero nuestro Dios… nunca nos faltará.
Dios no nos ha prometido una vida de riqueza material, de completa seguridad, ni tampoco es el genio de la lámpara mágica que cumplirá todos nuestros deseos. Dios, es nuestro Padre Bueno que sabe de que tenemos necesidad realmente, que nos moldeará al carácter de Cristo con Su amor y poder y que estará con nosotros hasta el final en este mundo y un día, nos llamará a Su Presencia.

Cuantas veces he pensado, “que buena vida la de los leoncillos… con ese papá y esa mamá, no le faltará nada” y en seguida, recuerdo esto:

Los leoncillos necesitan, y tienen hambre; pero los que buscan a Jehová no tendrán falta de ningún bien. – Salmos 34:10

Las crias de esos animales feroces y poderosos en el mundo de los animales, tienen una condición aún “carente”, si se compara con la de los hijos de Dios, que esperan en El.

Sigamos adelante hacienda las cosas bien, planificando y trabajando, pero realmente… confiando en El; sabiendo así mismo, que nada trajimos a este mundo y que nada podremos llevarnos de el; por tanto, que Dios nos ayude a vivir para El, que vale más que todo.

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